domingo, 15 de abril de 2007

EN SINALOA NACI

ENTREVISTA

"LA MUSICA ES ALGO QUE TODA LA GENTE DEL MUNDO TIENE EN COMUN": HELENA SIMONETT.












Banda Costa Azul




La etnomusicóloga suiza hace un recuento de la trayectoria de la música de banda, se transporta a los centros nocturnos del sur de Estados Unidos, un lugar atestado de migrantes mexicanos quienes suspiran añorando su tierra.

En esta entrevista Simonett habla de sus primeros trabajos de investigación, sus comienzos en México, sus travesías en busca de datos que sustentan un legado para las próximas generaciones, aquellas que por curiosidad o necesidad querrán acercarse a su origen cultural, a su música, a su banda.

-¿Cómo es que empezó tu interés por las costumbres de México?

En Europa, desde niña, tenía un libro que se llamaba Los últimos enigmas del mundo que incluía a México como sede de las pirámides de México. Me fascinó tanto leerlo, que me dije a mí misma: “algún día iré a visitar todos estos lugares”.
Estudié la maestría en musicología y etnomusicología en la Universidad de Zurich. También tomé clases en literatura hispana en España para aprender español y entender la cultura a través de la literatura. A partir de la lectura de textos, me fascinó el mundo indígena. En 1991 vine a México a comprar libros, pues me propuse a escribir sobre literatura indigenista. Entonces, cargada con los libros que había comprado, llegué a Zipolite, Oaxaca. Allí tuve la oportunidad de leer tumbada en una hamaca viendo el mar.
A partir de 1994 vine más a Mexico y frecuentaba los lugares de tecnobanda en los centros nocturnos de Los Angeles.

-Háblanos un poco de la tecnobanda, en qué se diferencia de la banda?

La tecnobanda tiene sus raíces en la banda sinaloense. Hay mezclas de ritmos sinaloenses tropicales. Se le llama “tecno” porque utiliza instrumentos más tecnificados, como el teclado, por ejemplo. Reemplaza la tuba por la bajo eléctrico; el clarinete por el saxofón, y no existen cornetas.
Este tipo de bandas, así como los grupos norteños, se hicieron muy populares en las zonas fronterizas debido a que están compuestas por menos músicos y, por lo tanto, cuesta menos su contratación. Un ejemplo de éstas son la Banda Machos y la Banda Maguey.
La tecnobandas en el sur de Estados Unidos contribuyeron para que los jóvenes mexicanos se interesaran por conocer las bandas tradicionales de México. Fue así que entre 1994 y 1996 llegaron las bandas sinaloenses a Los Ángeles, donde ya había un furor por este tipo de música.

¿Crees en una evolución en la música y si es así, crees que ésta se deba a fenómenos de tipo económico?

La música no es estática. Está evolucionando todo el tiempo. Por ejemplo la banda primero tocaba valses y mazurkas debido a la influencia alemana. Después llegó el danzón de Cuba -en 1930- a través de Veracruz. Luego, el swing –que estaba de moda en EU-, el cha cha cha, el mambo, con Perez Pradro, y los valses que regresaron después de 100 años.
Hay otras modas musicales como la quebradita, baladas y cumbias. De tal modo que los ritmos van cambiando de tiempo en tiempo. Este cambio es necesario para conservar una vigencia.

La investigadora -nacida en Lucerna en 1960- tiene ademanes suaves y una sonrisa fácil y no parece conceder tregua en un tema que la apasiona:

-¿Cuáles fueron tus experiencias al escribir el libro En Sinaloa nací?

Como musicóloga me gustó mucho ir los archivos para encontrar este material. Al hojear los periódicos, encontré libros de viajeros escritos en alemán y en inglés. Invertí muchas horas en investigación, escribí este libro para que si una persona quiere saber algo sobre el tema, pues allí está. A través del estudio de la música se logra una legitimación de ésta misma y de su contexto cultural.

Simonett hizo su doctorado en etnomusicología en la Universidad de California, en Los Ángeles.

-Qué relación tienen las etnias con la música?

La música marca sus emociones, sentir, historia y valores. Los indígenas usan la música para fiestas y entierros. Forma parte de la vida y la muerte dentro de las comunicades. La música es algo que toda la gente del mundo tiene en comun. El niño perdido, por ejemplo, es una historia que se narra, mediante el lamento de una trompeta, la tristeza y la lejanía. Lo mismo pasa cuando escuchamos El toro viejo: existe el quejido de la tuba que nos cuenta una historia.

-Cuál es el origen de la banda sinaloense?

Hay varios factores que contribuyeron. Los emigrantes de Europa Central importaron intrumentos, pero fueron los campesinos quienes adoptaron los valses, polkas y música semi clásica y, de ese modo, formaron su propio repertorio.
Durante la Revolución cada general llevaba su banda. Los músicos de estas bandas militares contribuyeron. Aunque sus instrumentos eran viejos y estaban maltratados por los vaivenes de la guerra, fueron útiles para aquellos aprendices jóvenes de los pueblos.
Muchos de los instrumentos llegaron por barco a Sinaloa a través del puerto de Mazatlán, por eso es que la música de banda tuvo sus orígenes allí. La gente de las rancharías acudía a la ciudad a comprarlos o a tocar sus piezas.

-En Sinaloa nací, Historia de la Música de banda, es el único libro que has escrito?

Hace tres años publiqué en Los Ángeles un libro que se llama Banda, mexican music life across borders que tiene relación con el mismo tema.

LOS NARCO CORRIDOS

-Qué vinculación hay entre la música y los narco corridos?

Aunque ha tenido cambios, la banda tradicional es sólo de música, sin vocalista. Sin embargo, en los años 70 la banda empezó a tocar piezas con tema de narcotrficantes, que era la misma gente de rancho, con gusto por la banda. A partir de los 90 y 95 hubo bandas que incorporaron un vocalista y empezaron a interpetar narco corridos.
A los narcos les gusta presumir sus joyas y mujeres. Para legitimar su poder se mandaban a componer corridos. Así eran los clientes de Chalino Sánchez, quien fue a Los Ángeles en 1987 y empezó a hacer corridos. Cantaba muy feo, por cierto, pero no importaba. A la gente le gustaba porque era de rancho.
A partir de su muerte, en 1992 hubo una explosión. En Los Ángeles todos quisieron repetir la proeza de Chalino, quien escribió y grabó corridos para aquellos narcos que llegaban a requerírselo. El centro nocturno donde trabajaba el músico tenía una cabina de grabación y en la misma noche que sus clientes se lo pedían, el Sánchez escribía y grababa.
Sánchez vendió su material a las compañías disqueras por 10 mil dolares. Cuando murió fueron éstas quienes se quedaron con las jugosas regalías de su trabajo.

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En Sinaloa nací, Historia de la música de banda, es un libro escrito por la etnomusicóloga suiza, Helena Simonett que define el término "banda" de varias formas:
"Generalmente se refiere a cualquier tipo de agrupaciones de personas asociadas, organizadas o ligadas entre si.
"En un contexto musical, la banda se refiere a un grupo de personas que se organizan para tocar instrumentos musicales. "En México, dichas bandas son especificadas con frecuencia como bandas de música, un término que se aplica para cualquier agrupación musical.
Las bandas de metales y con instrumentos de percusión, las tan renombradas bandas populares o bandas de viento, todavía juegan un rol importante en todo México.

"En las diferentes regiones se han desarrollado tipos característicos y se han adquirido sus nombres vernáculos. Las bandas regionales son bautizadas ya sea por el nombre de sus instrumentos, tales como la tambora (Sinaloa), el tamborazo (Zacatecas), o el alborota güeyes -"sonoridad escandalosa" (Zacatecas), las terribles hueseras (Sinaloa); por platillos populares como el chile frito (Guerrero), el frijol con hueso (Michoacán y Sinaloa); o por el escenario de la creación musical como la perrada (músicos de la calle) y la huipera o la canastera (los músicos que tocan en bares y salones de billar).

"Otras denominaciones para la banda sinaloense son: banda natural, banda de viento o banda banda. "Las bandas más tradicionales son bautizadas según su ubicación geográfica, por lo regular, sus pueblos de origen: El Recodo, El Limón, Mazatlán, Culiacán, Mocorito, Santa Rosa, Tierra Blanca, Los Tamazules, Los Guamuchileros, Los Escamillas, etcétera. "Algunas le agregan el nombre del líder de la banda, o denominan a la banda completa conforme a los nombres de alguno de sus integrantes o apelativos: Los Mochis de Porfirio Amarillas, El Recodo de Manuel Rivera, El Recodo de Cruz Lizárraga, Los Hermanos Urías de Guasave, Los Hermanos Rubio de Mocorito, Los Sirolas, Los Chilolos.

"Una de las descripciones más detalladas de la vida y costumbres en la Sierra Madre Occidental fue la escrita por el estadounidense John R. Flippin, un ingeniero en minas que pasó cinco años en Guadalupe y Calvo, Chihuahua:"Aquí todas las clases sociales tienen una ferviente admiración por la música. Podría decir con certeza que lo son de un modo extraordinario. No hay ninguna villa que no disponga de una banda o dos y no pasa una semana en que no desfilen una o dos veces por las calles y hagan sus interminables rondas con su música y demostraciones ruidosas.

"Como en cualquier parte, las bandas de viento jalan en su marcha a todos los vagos dispersos del pueblo, sin la excepción del inevitable rapaz que encabeza o culmina la procesión en sus marchas y contramarchas sin sentido."Sus tardeadas al aire libre, con sus concurridas muchedumbres, ofrecen en vestido y apariencia una vista grotesca."
"Algunos mexicanos, con unos cuantos dólares en el bolsillo, se emborrachan e inmediatamente quieren que una banda de música vaya de arriba abajo por las calles y se detenga frente a las casas y tiendas y toque por la gloria de estar borrachos!

"Los músicos memorizaban piezas enteras de música o aprendían patrones armónicos simples y tocaban para apoyar líneas melódicas. Debido a que las convenciones musicales de las bandas de pueblo se generaban dentro de esta "tradición de música plebeya", los educados fuereños, tales como Flippin tuvieron necesariamente que recibir la música de banda de pueblo como "molesta" y "perjudicial". Quizás conciente de su severo juicio, Flippin añadió más tarde:"Yo no creo subestimar la música y sus influencias armonizantes... pero un mexicano puede llegar a sacarle demasiado provecho a las mejores cosas, sobrecargando, de un modo heroico, a intervalos inoportunos a sus colmados oyentes".

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