jueves, 6 de agosto de 2009

Hay que vender México: Malova

Mario López Valdéz, el simpático y tímido tipo que solía correr en el parque Sinaloa y organizar eventos deportivos, el senador favorito de los mochitenses y aficionado del béisbol ha dicho que quiere ser gobernador de Sinaloa.
Es indudable que López ha tenido un desempeño limpio en el hacer política, que su mesura y su diligencia ha sido bien interpretada por los jerarcas de su partido, que lanzó una iniciativa para prevenir el crimen a través del registro de los celulares. Por todo ésto y más López es uno de los priístas favoritos para ocupar la gubernatura en Sinaloa. Sin embargo, ha llamado la atención en el pleno del congreso al proponer que el territorio mexicano debe ser vendido a los estadounidenses, como así lo expuso en marzo de este año cuando convocó a la asamblea de legisladores a la modificación al artículo 27 constitucional que dice que las tierras en México –y todo lo que hay en ellas- son de la Nación.
Esta vendimia del territorio mexicano –mencionando sus litorales- se justifica, dijo, porque el país necesita la derrama turística, porque se precisan empleos, porque la globalización así lo exige, porque México ocupa el número 12 dentro de los países con mayor territorio costero. Por todo lo anterior hay que vender, propone. Y menciona a los vecinos del norte como los favoritos en esta transacción.
La contradicción del senador López estriba en que es imposible vender el territorio mexicano y mantener al mismo tiempo esta "soberanía". Este supuesto resulta incomprensible si tenemos en cuenta de que todo lo que se vende pasa a ser propiedad de quien lo compra. Es imposible, entonces, seguir siendo dueños de algo que ya se ha vendido.
Otra incongruencia apunta a que el vendedor de México ha elegido al comprador: Estados Unidos. Es decir, México venderá territorio y deberá venderla a su vecino del norte, a las personas, en particular que quieran “invertir”. Qué pasa con los alemanes y los franceses; los australianos y los ingleses? El senador solamente menciona a los nortemaericanos. Así lo exige la globalización.
Hay que recordar que muchas personas murieron en la Revolución de 1910 con el sueño de salir de la esclavitud y la pobreza impuestos por los terratenientes de aquel entonces. Más adelante, en la historia, legisladores patriotas se lanzaron a matar en el congreso para que se aprobara la legislación de 1917, la cual ahora resulta un estorbo para el senador López.
También habrá que recordar que Lázaro Cárdenas tuvo que hacer ajustes para que el territorio –rico en petróleo- fuera de los mexicanos.
Vender México lejos de ser una solución representa un retroceso.
Es verdad, el país necesita salir de la pobreza. Pero debe ser mediante medidas que garanticen la productividad interna, el incremento de los salarios y el consumo interno.
El senador deberá considerar que los mexicanos –buenos trabajadores- aspiran a tener empleos, a trabajar y ganar dinero, mucho dinero, tanto que piensan descansar un día, tener vacaciones en una de esas fabulosas playas, pasear en carros rentados conciendo nuevos lugares, comer langosta y tomar un buen vino, en suma: convertirse en esos turistas para quienes el senador quiere la mesa puesta.
La solución está dentro. Cuando los mexicanos vean hacia sí mismos, al interior, a lo que son y pueden ser, entonces habrá una nueva fuerza y otro gallo habrá de cantar en los corrales de la política. Mientras, habrá lo que hay: juegos de beisbolistas y viajes a Disneylandia.

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