domingo, 24 de agosto de 2008

Al cierre de Beijing


Junto al árbol la pareja de curiosos observa las figuras de la superficie esculpida del tronco. No es cosa nueva, ellos, como yo y otros hemos ido al parque a aligerar el espíritu y nos quedamos asombrados del rocío sutil cubriendo los pétalos sonrientes que adornan el camino.
Don Panchito no está porque es domingo, un día de asueto para toda la gente de trabajo. Estoy acostumbrada a verlo junto a la puerta, escuchando su voz cantarina: “ánimo joven”, cada vez que paso frente a él.
El nublado aplica una atmósfera diferente al día… Basta observar que somos unos cuántos quienes han resuelto congraciarse con las frondas de estos árboles en un día en que medio mundo está frente a la televisión, viendo la clausura de los Juegos Olímpicos de Beijing.
Se puede pensar que los niños juegan en sus casas mientras los padres los mandan a callar porque no quieren perderse los abrazos de los medallistas, el llanto de los entrenadores, las tristezas y las alegrías del público, la expresión pueril y limpia de María del Rosario Espinoza contemplando su medalla de oro en la cima de un podium de triunfo.
De nuevo al parque Sinaloa, don Panchito no está, pero me imagino que con gente como él las medallistas podrán proliferar en este país donde lo único que nos sostiene es el “ánimo” y una juventud cada vez más dueña de sí misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Comenta mi trabajo...